Rodrigo Cuevas: La consagración de la belleza absoluta
Un viaje sonoro que trasciende etiquetas para construir un universo donde el folk y la electrónica se funden en una identidad tan personal como universal
Rodrigo Cuevas cierra su trilogía de manuales con «Manual de belleza», un trabajo que llega para poner orden en el caos estético actual. El artista asturiano firma una obra que, lejos de ser un simple disco, se convierte en un manifiesto sobre lo bello como resistencia. Con un elenco de colaboradores de lujo y editado por Sony, este álbum nos invita a detenernos en un mundo que corre demasiado rápido para apreciar lo que realmente importa.
En las primeras escuchas, lo que más queda es que el disco hace un honor absoluto a su título: es, sencillamente, una auténtica belleza musical. No estamos ante un trabajo mainstream, ni indie, ni puramente rock, rap o folk; es todo eso a la vez y, sin embargo, suena a algo totalmente propio. Rodrigo consigue crear un universo único, logrando que algo tan personal resulte, al mismo tiempo, universal. Son 10 canciones que apenas superan los 35 minutos y que se hacen horrorosamente cortos; cuando acaba, la inercia te empuja a darle al play de nuevo sin pensarlo y dejarte arrullar nuevamente por este maravilloso ‘Manual de belleza’.
Un bucle hipnótico entre la utopía y el baile
La bienvenida que nos prepara el disco es maravillosa. En «Un mundo feliz», la unión de Rodrigo con Massiel es encandiladora; una letra utópica que suena a sueño absoluto. Con esos susurros que recuerdan a la época del destape y un aire setentero, nos enseñan la belleza de lo que podría ser un mundo perfecto. Para NoSoloEsRuido, es desde ya una de las mejores canciones del año y sea como sea, de los próximos años también. Sin embargo, el disco no se queda ahí y pronto nos lanza a «BLZA» junto a la Mala Rodríguez, donde el rap se folcloriza de forma tan natural que asusta.
La variedad es la norma: desde la rave en bable que propone «Asturcón» —un medio tempo electrónico ideal para cerrar una rave en los Picos de Europa— hasta la habanera provocativa de «Xardineru», donde Rodrigo nos suelta con guasa "para acabar con la plaga del pulgón, lo millor es tener la casa siempre llena de mariquitas". Es esa mezcla de humor, crítica y tradición lo que mantiene el disco siempre arriba.
De la crítica mordaz al pasodoble del siglo XXI
En el ecuador del álbum, la mordacidad aparece con «La playa», una crítica brillante a la sobrepoblación costera a ritmo de club nocturno que te pone a sudar. Pero si hablamos de momentos cumbre, «Sácame a Bailar» junto a Ana Belén se lleva la palma. Ver a estas dos instituciones en un pasodoble electrónico es una delicia; se ponen un traje musical que no es el habitual suyo, pero que encumbran con una naturalidad asombrosa, trayendo un clásico a lo más moderno de este siglo.
El contraste sigue con la colaboración con Grande Amore y Mapi Quintana, donde cambian las guitarras sucias por toques folk sin perder ni un ápice de fuerza rítmica. Es brutal ver cómo Rodrigo se pone el traje habitual de Grande Amore y crean uno de los temas más rompedores del disco. Tras el electro-folk más reconocible de «El Pañuelin» junto a Tarta Relena, el disco estalla en «La Fiesta», una jota electrónica con Carlos Fernández y PAN.SEN.FRON. que es una invitación directa al baile y al disfrute más puro.
VEREDICTO NOSOLOESRUIDO
Estamos ante un disco que es, por encima de todo, una experiencia necesaria. Rodrigo Cuevas ha conseguido que sus 35 minutos sean un refugio contra la fealdad del mundo, demostrando que se puede ser vanguardista respetando la raíz. Es un álbum que te atrapa por lo sonoro y te queda en la memoria por su inteligencia. «Manual de belleza» no es solo música; es la prueba de que lo personal, cuando se hace con este gusto, es lo más universal que existe.

