MINIBÚS INTERGALÀTIC se acercan a Madchester en su nuevo single
Minibús Intergalactic bailan rock psicodélico en el segundo single de su nuevo disco, una agridulce lección sobre la paradoja de la psique humana
Tras el llamativo y casi impronunciable título del próximo álbum de Minibús Intergalàctic, "Moviment Oscil.lant Polinòmic y=1/x", se esconde una colección de canciones cuya voluntad es reflejar las paradojas y contradicciones que definen la experiencia y la psique humana. Un trabajo que verá la luz esta primavera, tan solo un año después de su última entrega, el EP "Música Humana: Thalassa", apenas dos de su celebrado álbum de debut, "Meditacions des dels Miratges Mercúrics" (todas ellas referencias del sello NEU!), y del que ya conocemos un par de adelantos. Primero fue ‘Per sentir-me ple’, una reflexión sobre el egoísmo que a veces subyace bajo el sacrificio; y ahora llega el segundo: ‘l’Agredolça lliçó de la Vall del Mas Daurat’, un tema bailable y festivo que, sin embargo, nos habla de algo agridulce. Pura contradicción, ¡pero qué bien funciona en sus manos!
Se trata de una pieza concebida en principio como algo más bien folk, pero que gracias al genio rítmico, a los riffs de órgano que parecen bajar del cielo y al despliegue guitarrero habitual, se ha convertido en algo muy diferente: en un cruce entre Mánchester y Girona, entre la pista de baile y los guitarrazos de rock psicodélico que nos retrotraen a The Stone Roses, Happy Mondays, Primal Scream o The Real People. Pero es justo toda esa energía instrumental eufórica la que funciona de contrapeso y contraste con respecto a la temática, que entraña una importante lección sobre la vida, sus altibajos y sobre cómo nos defendemos del malestar construyendo alternativas aunque éstas muchas veces sean utópicas.
De hecho, la inspiración de este nuevo single de Minibús Intergalàctic hay que buscarla en ‘Big Rock Candy Mountains’, ese clásico del folk-country estadounidense, registrado por primera vez en 1928 por Harry McClintock y popularizado tras la Gran Depresión, que describe ese lugar idílico del que hablaban los vagabundos estadounidenses de la época, donde los barrotes de las cárceles eran de goma, los perros de los policías no tenían dientes, había cigarrillos infinitos y los ríos bajaban cargados de vino en lugar de agua.
Siempre interesada por la lectura psicológica de la realidad, la banda de Girona nos explica que, de alguna forma, ese estado de euforia, ese exceso de energía y esa sensación de bienestar tan absoluta que refleja instrumentalmente la canción no deja de ser un mecanismo de respuesta a todo lo contrario, a la melancolía y a la depresión que en ciertas ocasiones inundan nuestras vidas. ¡Y está bien! Porque la vida es así, la vida son esos dos polos, y entender esta verdad es una lección agridulce pero a la vez muy transformadora. Porque no hay alegría sin tristeza, porque no serían los mismo los viernes sin los domingos, ni el otoño sin la primavera.

