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COMIC SANS se han propuesto liderar la escena midwest emo nacional con 'Todas las cosas que nos salieron mal'

Por Redacción NoSoloEsRuido
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La tercera referencia del cuarteto donostiarra tras "Éramos felices y no lo sabíamos" y el EP "Ojalá fuera mi cumpleaños" representa ese paso adelante que necesitaban para mutar de banda influenciada por el midwest emo a banda referencia del género en nuestro país

Hay discos que vienen con explicación incorporada, que no juegan al despiste ni tratan de aparentar lo que no son. Cuando Comic Sans titulan su tercer álbum "Todas las cosas que nos salieron mal" no es sarcasmo ni una alegoría ni va con doble sentido. Es lo que es, literal. Su intención queda claramente resumida en el verso “Tratando de intentar enmarcar / todas las cosas que nos salieron mal” de ‘Cosas que salen mal’, el que ha sido su primer single. La explicación no podía ser más nítida. Así entendemos el disco como una especie de diario maldito en el que el cuarteto donostiarra ha pretendido volcar y concentrar algunas de sus principales fuentes de frustración. Hablando de desamor, de incertidumbre laboral o de la precariedad de la industria musical, las historias que nos cuentan, siempre con un lenguaje honesto, directo y cargado de humor, les ha servido ante todo para purgarse y seguir adelante. Porque a veces ver todas nuestras desgracias reunidas y acotadas es el primer paso para superarlas.

Este nuevo trabajo también le ha servido a Comic Sans para explorar de nuevo sus influencias pero esta vez desde un planteamiento más independiente con respecto a ellas. Claro que su fórmula midwest emo mezclada con pop-punk y math rock bebe de figuras como The Promise Ring, Blink-182, American Football o Modern Baseball, pero sus ocho nuevos temas se sienten menos dependientes de los cánones del género. Representan la visión particular de Comic Sans del género. La suya propia. Una visión trazada sobre un laberinto de riffs frenéticos, baterías enrevesadas y líneas de bajo pesadas, llena de tappings, quiebros, twinkles y headbangings, conducida a través de estribillos pegadizos y muchísimo momentos coreables.

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Así pues, es con este formato de himno punk-rockero con el que la banda donostiarra expone orgullosa sus penurias en Todas las cosas que nos salieron mal. Contándonos a gritos situaciones, emociones y estados de ánimo con los que la juventud se sentirá inmediatamente identificada. Sin perder el sentido del humor, ni la frescura ni ese optimismo desafiante tan propio de Comis Sans. En ‘Godzilla vs Rayquaza’, por ejemplo, nos hablan de lo desesperante que es estar en paro con versos como “no quiero trabajar / pero esto ya empieza a cansarme / jornada laboral / mirando patos en el parque” mientras compaginan momentos de empuje guitarrero y zozobra. En ‘Spiderman 2’, en cambio, nos narran lo decepcionante que suele ser salir con tus amigos por otra ciudad (Madrid, en este caso) sin perder esa mecha pop-punk que tan bien prende en directo. Incluso ‘Estos no son los droides que buscáis’, canción en la que tratan con humor la precariedad en la industria musical, parece concebida como un acto de desahogo, y es válida como consuelo de muchos.

Sin embargo, más allá de plasmar una realidad social que atañe al grueso de la juventud, "Todas las cosas que nos salieron mal" se centra fundamentalmente en frustraciones que tienen que ver con el desamor. El disco se abre con ‘Mantequilla y mermelada’, un tema cantado a dos voces, que arranca muy Blink-182 para desembocar en una estrofa estilo Algernon Cadwallader, y que trata sobre una relación fracasada, corta pero intensa, que te ha dejado marcado. Continúa con ‘Pégate por favor’, donde hablan de dependencia y de echar de menos entre riffs de guitarra eminentemente midwest emo, secciones de hardcore melódico y math rock y una ligera influencia de At the Drive-In y Old Gray. Sigue con ‘Cosas que salen mal’, la canción más popera del disco, que nos abre las puertas a una ruptura ya superada (aunque haya costado lo suyo); mientras que ‘He descubierto mi silla favorita’, la más triste pero sin dejar de ser un tema cañero con bastantes peripecias de guitarra, nos las abre a una no tan superada.

El tema (des)amoroso, concretamente la extraña sensación que se tiene al acabar una relación, lo cierran con ‘Gasolina mutante’, la canción más larga de la historia de Comic Sans. Más de cinco minutos de riffs en bucle in crescendo, de cambios de ritmo y twinkles al estilo American Football, de Manza cantando y Ander coreando, de fogosos momentos de math rock. Cinco minutos de la fórmula patentada de Comic Sans. Su propia versión del midwest emo mezclado con pop-punk y math rock. Eso es lo que significa Todas las cosas que nos salieron mal en su meteórica trayectoria: el pasito que necesitaban para convertirse en referencia del género, para pasar de banda influenciada a banda influyente.  

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