ATZUR publican 'HUMBLE', su segundo álbum, entre oleadas de altpop electrónico e hyperpop épico
El dúo hispano-austriaco, formado por Patricia Narbón y Paul Ali, da un paso adelante con su nuevo álbum: un trabajo desbordante de pop grandioso, cuidadosamente producido y lleno de himnos para cada etapa del viaje hacia el respeto propio
“Soy una persona humilde y sé lo que valgo; y este no es un álbum arrogante”, reconoce Patricia Narbón al hablar de "HUMBLE", el nuevo álbum de ATZUR, la banda que compone junto a Paul Ali. “Ataca la idea equivocada que elogia la modestia como una expresión exterior de la humildad. Ser cómoda para los demás callándote. No ocupar demasiado espacio. Especialmente siendo mujer. Been there, tried that. Fuck that”.
Tras lanzar su álbum debut, "Strange Rituals", el dúo hispano-austriaco de altpop ATZUR da un paso adelante con su segundo trabajo, "HUMBLE". Un disco para los de corazón abierto, los hipersensibles, los que han escuchado demasiadas veces que son “demasiado”. Hay ira abriéndose camino hacia la luz. La belleza de las emociones crudas, sin filtro. Es un álbum de pop alternativo grandioso y cuidadosamente producido, lleno de himnos para cada etapa del viaje hacia el respeto propio. Hacia la autoridad del yo. Hacia la libertad. En su aún corta carrera, ATZUR han pasado por casi todo, pero saben lo que valen y lo honran con diez temas que te cogen de la mano y te sacuden hasta despertarte. “Maybe this anger will turn out into something beautiful”.
Desde disparos hasta motores de Maserati, "HUMBLE" late con vida propia: instintivo, preciso y totalmente suyo. Escrito íntegramente por ATZUR, demuestra que solo hacen falta dos para crear algo inmenso. Compuesto por canciones que reclaman espacio, hechas para espacios abiertos más allá de las paredes de un club, el álbum se mueve con fluidez por diversos géneros musicales, pasando del pop alternativo a la electrónica, y coqueteando también con el reguetón y el hyperpop épico. Después en directo estas canciones se transforman en algo monumental. Nada de música de fondo, ni playlists para cafeterías, sus conciertos son una colisión constante de pop épico, emoción cruda y pura energía. Solo son dos sobre el escenario, pero suena gigante. Una experiencia compartida, intensa, salvaje y casi sagrada.
El álbum se abre con ‘a gentle kind of ruthlessness’, como una bofetada repentina con la que ATZUR pretende despertarnos. Inician así una narrativa que busca fortalecer la aceptación y el amor propio; y en ese camino, cada parada conlleva un aprendizaje. ‘Psychodrama’ explora la idea de proteger tu energía y buscar paz en un mundo que se alimenta del conflicto; y ‘Humble’ nos enseña a cambiar la perspectiva para abrazar la resiliencia y el empoderamiento. Sobre todo en momentos oscuros de incomprensión y vulnerabilidad, como los descritos en ‘fragile like a bomb’, o durante el duelo por la muerte de un ser querido, como refleja ‘getting better’.
En la segunda mitad del disco el dúo sigue avanzando hacia la luz: desde el pop energético con letras oscuras de ‘Chaos’, un himno marca de la casa ATZUR, hasta la plenitud catártica de ‘Now I’m Happy’, que captura un instante puro de felicidad. Por el camino encontramos el tema estrella del álbum, ‘hate me’, una canción sobre mantenerte fiel a ti mismx sin pedir perdón (“even if you don’t love me / new people will love me”), y que incluye un verso íntegramente cantado en castellano, ritmo reguetón y una interpretación vocal cercana al rap. También ‘Glimmers’ es un corte que evidencia la trayectoria hacia el empoderamiento de sus autorxs. “I deserve some good after all this shit I have been through”, reclama la banda, “wherever I am, I am what 's growing”.
“What goes too long unchanged destroys itself in the end”, canta Patricia en ‘Mutual Obsession’, resumiendo el pulso inquieto que impulsa a ATZUR: siempre hacia delante, siempre en evolución. Con "HUMBLE", reclaman su espacio: no como un acto de fondo, sino como una fuerza hecha para los grandes escenarios y el público global. Despiertan algo visceral en quien escucha, dejando huella. La fuerza y la vulnerabilidad no se oponen. Coexisten, y lo hacen con fuerza.

