La consagración del fenómeno: Cómo cuatro amigos de Muros pusieron a Galicia a sus pies
Crónica de una noche histórica en el Multiusos Fontes do Sar donde The Rapants reclamaron su trono en el "Rapants Club"
Todo comenzó en 2018 en Muros, cuando cuatro amigos decidieron que el indie y el disco-punk debían sonar en gallego. Tras un arranque fulgurante con los EPs "THE RAPANTS" y "Que Fluya", 2019 marcó su primer gran hito con el LP "Cariña de raposo" y sencillos como "andas por él", que empezaron a sonar con fuerza por toda la geografía gallega.
Tras el paréntesis pandémico, 2021 fue el año de "la mítica" y el EP "Nic Bahia", abriéndoles las puertas de festivales como el Osa Do Mar. Fue una época de "pico y pala", tocando en cualquier rincón de Galiza, desde bares con apenas diez personas hasta grandes eventos, forjando en esa cercanía una identidad gamberra y honesta que los conectó definitivamente con su público.
El estallido definitivo llegó con "O Corazón Como Un After" (2023), un disco que los catapultó más allá del telón del Bierzo, seguido por "la máquina del buen rollo" en 2024. Este último álbum los consolidó como cabezas de cartel en los festivales más importantes de Galicia, demostrando que su propuesta era ya una realidad imparable en la escena nacional.
Hoy, la moneda vuelve a estar en el aire, pero el peso es distinto. Tras dos discos que los llevaron a lo más alto, "Rapants Club" se presenta como la prueba de fuego definitiva. Ya no se trata de saber si son una estrella fugaz que brilla con fuerza antes de apagarse, sino de confirmar que The Rapants han llegado para quedarse, para mandar y para marcar el pulso musical de Galicia en los próximos años.
Una apuesta de seis mil corazones
El Pavillón Multiusos Fontes do Sar, hogar del Obradoiro de baloncesto y escenario habitual de citas como el festival Jaleo!, se vestía de gala para recibir un hito histórico. Este recinto, que hace años vibró con la épica de Vetusta Morla, volvía a abrir sus puertas para una apuesta que, a priori, rozaba la locura. Salvo el precedente de Tanxugueiras hace unos años en el Coliseum de A Coruña, ninguna otra banda gallega se había atrevido a convocar a 6.000 personas en solitario en un espacio de esta magnitud. Aunque la acústica de estos pabellones no sea perfecta, la calidad del sonido se mantuvo en un nivel más que aceptable, permitiendo que todo fluyera sin obstáculos.
La organización fue una declaración de intenciones desde el primer minuto. Nada más cruzar el umbral, cada asistente recibía un carnet numerado de socio del "Rapants Club", un detalle que estrechaba el vínculo entre el escenario y la grada antes de que sonara la primera nota. La sorpresa continuó con un grupo de mariachis que amenizaba la entrada del público, una elección tan curiosa como efectiva para romper el hielo y preparar el espíritu festivo que define a la banda de Muros. Como antesala del plato fuerte, la banda compostelana ULEX tomó el escenario. Con un sonido que bebe directamente de la influencia de los propios Rapants, ofrecieron un concierto sólido, con buena música y buen sonido, perfecto para ir calentando el ambiente.
Seis mil voces y una bandera roja
Sobre las tablas, la apuesta visual fue de una sobriedad efectiva y rotunda. Una enorme pancarta roja dominaba el fondo, coronada en el centro por el logotipo de "Rapants Club", un faro visual que se hacía presente desde cualquier rincón del pabellón. Musicalmente, la banda se mantuvo fiel a su estándar: sonaron bien, o muy bien. Aunque en los primeros compases se percibían unos nervios lógicos ante la magnitud del desafío, estos se fueron disolviendo canción tras canción, dejando paso a la solvencia de quienes se saben dueños del escenario.
El público, que ya venía con la lección aprendida y la entrega garantizada desde casa, fue el quinto integrante de la banda. Resulta impresionante, incluso para los más escépticos, escuchar un coro unánime de 6.000 personas tronando en cada tema; una comunión que no solo abrazó los clásicos, sino que defendió con la misma fuerza las composiciones de su trabajo más reciente. Uno de los puntos más logrados fue la gestión de las colaboraciones. Lejos de introducciones pomposas, los invitados fueron apareciendo de forma orgánica. Hasta que no empezaban a cantar, el espectador apenas reparaba en su presencia, logrando que cada colaboración se sintiera como una pieza natural del engranaje del "Rapants Club".
Un asalto sonoro sin concesiones
El inicio del concierto fue una descarga de energía directa al pecho abriendo con "Sin miedo", uno de los cortes más reconocibles de su nuevo trabajo. Sin dar un respiro, la intensidad subió al subir al escenario el dúo Galician Army para "Tranquila" y "La noche", convirtiendo el pabellón en una auténtica caldera. Fue un despliegue total donde la banda no se dejó nada en el tintero, interpretando todas las canciones de su nuevo disco, "Rapants Club", y entrelazándolas con los "clásicos" que ya forman parte del cancionero popular gallego como "la mítica", "Cariña de raposo" o "Fai tempo".
Esa efectividad se mantuvo constante con el resto de invitados. La delicadeza de Sara Faro y Antía Ameixeiras en "POR QUE SON ASÍ" aportó un matiz necesario antes de que el Sar volviese a temblar. Porque hubo momentos donde el recinto casi se viene abajo: la aparición de 9Louro para interpretar "Meu Cariño" y la irrupción volcánica de Grande Amore en "A Vida" rozaron el colapso emocional de los asistentes. El cierre encadenando la citada "A Vida", la infalible "La favorita" y la icónica "Rue Franklin" puso el punto final a una noche de apoteosis que dejó bien a las claras que The Rapants han llegado para quedarse. Al finalizar, 6.000 personas fueron un poco más felices.
La Huella de NoSoloEsRuido
Hay que ser honestos: el nuevo disco, en las primeras escuchas, me generó dudas. No sabría decir el porqué, pero los pequeños cambios o evoluciones sonoras me tenían algo descolocado. Pero The Rapants son, ante todo, animales de escenario; su puesta en escena es simplemente brutal. La noche del sábado, sobre las tablas del Sar, todas las piezas del rompecabezas encajaron con una naturalidad pasmosa; los temas nuevos entran y encajan a la perfección con toda la trayectoria de la banda, demostrando que han sabido madurar sin perder su esencia.
Personalmente, ver a Mati, Samu, Xanma y Xaquín dominar ese pabellón tiene un peso que va más allá de lo musical. He tenido el privilegio de conocer a estos cuatro amigos desde hace ya un buen puñado de años, de verlos crecer desde los bares donde apenas éramos un puñado de amigos, hasta este asalto total al Multiusos. Es de esos momentos en los que uno se siente agradecido con la vida: ver cómo el talento, un trabajo constante de "cabrones" y una apuesta clara por ellos mismos se conjugan por una vez para explotar en la cara de seis mil personas. The Rapants no han tenido un golpe de suerte; se han ganado a pulso disfrutar hoy en día del éxito que están cosechando.
Anoche no solo se presentó un disco; se celebró el triunfo de la autenticidad. El club ya tiene dueños, y nosotros estuvimos allí para verlo.

