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Leiva conquista Vigo tras cuatro años sin pisar la ciudad olívica

Texto y foto: Diego Añon
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Crónica de una noche redonda en el Muelle de Trasatlánticos que se postula desde ya como uno de los mejores conciertos del año

Cuatro años de ausencia son demasiados cuando se trata de un artista que tiene un pacto tan firme con su público, y Vigo lo demostró desde temprano. Mucho antes de que se encendieran los focos, todo el entorno del Muelle de Trasatlánticos y las terrazas de los alrededores ya eran un hervidero de gente apurando la tarde y calmando la impaciencia por el regreso del madrileño desde aquel Castrelos de 2022. Para la ocasión, la promotora Quireza Events estuvo ágil al rentabilizar la infraestructura del Galicia Fest de la semana anterior. Fue un acierto logístico impecable, a pesar de las 7.000 personas que abarrotaron el puerto el sábado, el espacio mantuvo una amplitud y un desahogo que permitían moverse a la barra o los baños sin los agobios asfixiantes de las grandes citas.

Al cruzar el control de acceso, llamaba la atención la mezcla tan rara de edades que había abajo. En la pista convivían adolescentes que probablemente se estrenaban en un concierto grande con gente que ya tenía una edad cuando Leiva empezó su carrera en solitario. Daba igual. El denominador común de todos los asistentes era una lealtad absoluta. Estábamos ante los fieles de verdad. Se sabían cada estrofa de memoria, de arriba a abajo. De hecho, el madrileño bien podría haberse quedado mudo las dos horas que duró el show, porque el público se habría encargado de cantar el repertorio entero por él sin despeinarse.

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El concierto arrancó pasadas las once de la noche, directo y sin discursos innecesarios. Leiva y su banda salieron a hacer su trabajo con un sonido nítido y potente desde los primeros acordes de "Bajo presión", "La lluvia en los zapatos" y "Gigante". A partir de ahí, el directo alternó las marchas más rockeras como "Lobos", "Terriblemente cruel" o "Sincericidio" con bajadas de revoluciones más íntimas como la de "Vis a vis".

El punto de inflexión de la noche llegó cuando Leiva se paró a hablar de los temas de su etapa en Pereza. Reconoció con bastante honestidad que hoy en día no escribiría esas letras de la misma manera, y que quizás no son las canciones que más le representan ahora mismo. Sin embargo, explicó que había decidido hacer las paces con el chaval que las compuso, sobre todo porque sabe perfectamente lo mucho que la gente disfruta escuchándolas. Y así fue. Durante "Pienso en aquella tarde", "Como lo tienes tú", "Estrella Polar" y "Lady Madrid", Leiva apartó el micrófono por completo en varios tramos para dejar que las miles de voces del puerto se convirtieran en las verdaderas protagonistas del concierto.

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 El gran momento de los bises llegó tras abrir el último bloque con "Caída libre". Iván Ferreiro subió al escenario luciendo una camiseta de Grande Amore —un buen detalle de apoyo a uno de los proyectos gallegos con más personalidad de la actualidad—. Empezaron cantando a medias "Breaking Bad", pero el recinto se vino abajo cuando arrancó "Turnedo". Lo mejor fue que no se limitaron a tocarla tal cual, sino que la transformaron en un popurrí improvisado donde fueron colando de forma muy natural pedazos de "It's Only Rock 'n Roll" de los Rolling Stones, el "Miña Terra Galega" de Siniestro Total e "Insurrección" de El Último de la Fila. Se les vio cómodos, compenetrados y divirtiéndose de verdad frente a la ría.

 El remate definitivo con "Como si fueras a morir mañana" y "Princesas" —con el público cantando otra vez a pleno pulmón— cerró una doble cita que ha metido a unas 14.000 personas en el puerto vigués a lo largo del fin de semana. Quireza Events montó un espacio cómodo, pero al final lo que sostuvo la noche fue la solidez de una banda que sabe a lo que juega y un artista capaz de aceptar su propio pasado para dárselo a un público que nunca le falla.

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