DELACUEVA en la Sala Sónar: la potencia que el disco no te cuenta
Crónica de una noche de guitarras prestadas, un público sorpresa y un directo que gana por KO en las distancias cortas
A veces vas a un concierto con ideas fijas en la cabeza. Escuchar el disco de debut de DELACUEVA en casa me había dejado una sensación correcta: un pop-rock clásico, con buenas letras y un sonido impecable, pero sin grandes sorpresas. Con esa idea y el miedo a encontrarme una sala vacía dentro del ciclo Girando por Salas (GPS), entré el pasado viernes en la Sala Sónar de Santiago. Coincidía que ese mismo día el artista estrenaba una nueva versión de su tema "Así bailaban los muertos" con Nena Daconte, pero las sensaciones previas eran de calma tensa. Sin embargo, la entrada estuvo en la media habitual de la sala para este ciclo, al nivel de lo que mueven proyectos como Sienna o Jordana B, lo que me sorprendió bastante al no tener yo al artista muy fichado. Al principio, viendo el panorama, pensé que la mitad de la gente estaría allí por compromiso o despiste. Qué bien sienta equivocarse.
Un público que se sabía todas las letras
El arranque pareció darme la razón. La gente estaba fría, distante y guardando una distancia prudencial con el escenario durante el primer tema. Pero Manuel de la Cueva no se achicó. Entre la primera y la segunda canción, pidió al público que diera un paso adelante, que se acercara a bailar y a cantar si se sabían los temas.
Y el concierto cambió por completo. A mitad de la segunda canción, la sala hizo un clic absoluto. La gente que parecía estar allí de paso empezó a cantar las canciones de principio a fin. Y no hablo solo de tararear los estribillos; se sabían cada estrofa del álbum de debut. No había despistados; era un público fiel que se conocía el repertorio al dedillo y solo necesitaba un empujón para arrancar.
Guitarras rotas y solidaridad local
Lo mejor de la noche fue ver cómo la banda se crecía ante los problemas. Justo antes de empezar, al artista se le rompió la guitarra acústica y le falló el micrófono inalámbrico. Por si fuera poco, en el tren no les dejaron subir la batería con la que giran. Al final, gracias a que la academia Escuela de Rock de Santiago les prestó una batería y una guitarra a última hora, el concierto pudo salir adelante.
A pesar de todo esto, la banda —en formato de trío con guitarra, batería y algún apoyo pregrabado— sonó espectacular. Los contratiempos les dieron más fuerza y las canciones del disco ganaron un punch en vivo que el álbum de estudio no llega a transmitir.
La actitud de un gran estadio en una sala pequeña
Hay músicos que necesitan miles de personas para venirse arriba, pero DELACUEVA demostró tener la actitud de quien está tocando en un Movistar Arena lleno o en la mítica Plaza del Trigo del Sonorama. El buen rollo y la energía fueron constantes de principio a fin. Además, el formato pequeño permitió el lujo de que el artista bajara hasta tres veces del escenario para cantar y bailar entre la gente, creando un ambiente de camaradería brutal.
Salimos de la Sónar con la certeza de que el pop-rock de siempre, cuando se defiende con esa honestidad y energía, sigue funcionando perfectamente. DELACUEVA demostró que el directo es donde se ven los artistas de verdad, transformando los problemas técnicos y las dudas iniciales en un concierto redondo de los que se disfrutan de verdad.

